Arnold Ramírez encara la recta final de la campaña en Presidente Franco intentando capitalizar uno de los principales problemas que enfrenta Roya Torres: su candidatura está directamente ligada a la corrupta administración de su marido, Roque Godoy, después de más de una década del mismo sector político al frente de la Municipalidad.
Torres pretende suceder a Godoy y mantener el control liberal de la comuna, pero llega a la elección en medio de cuestionamientos que alcanzan tanto a la gestión municipal como a su propia trayectoria política.
La administración de Godoy acumuló durante los últimos años denuncias y reclamos relacionados con obras públicas, manejo administrativo y utilización de la estructura municipal. Uno de los casos llegó incluso al Ministerio Público y a la Contraloría, luego de que fuera denunciada la recepción como terminada de una obra del polideportivo municipal cuando todavía existían trabajos pendientes. El intendente negó que existiera daño patrimonial y atribuyó la situación a cuestiones relacionadas con la ejecución del contrato.
Otros sectores ciudadanos también cuestionaron la gestión municipal y reclamaron mayor transparencia sobre el destino de los recursos públicos.
El desgaste es un problema directo para Roya porque no aparece como una candidata ajena a esa administración. Además de ser esposa del intendente, ambos integran el mismo proyecto político y la propia diputada ha reconocido públicamente que trabajan como equipo.
La intención de instalar una imagen de renovación tropieza así con una pregunta que aparece inevitablemente en la campaña: qué cambiaría realmente en Presidente Franco si la administración pasa directamente de Roque Godoy a Roya Torres.
La resistencia hacia esa continuidad tampoco proviene únicamente del Partido Colorado.
Yo Creo decidió mantener la candidatura de Mabel Otazú y rechazó un acuerdo para respaldar a Torres. Dirigentes de ese sector han utilizado precisamente los cuestionamientos hacia la administración Godoy como argumento para no acompañar al PLRA. La división opositora permanece a pocos días de las elecciones.
A la carga política de la administración municipal se suma un antecedente propio de Roya Torres que tuvo repercusión nacional.
En 2024, la diputada fue imputada por el Ministerio Público junto con su hijo Elías Martín Godoy Torres en el caso conocido públicamente como el de los “nepobabies”. La investigación se originó por el cargo que ocupaba el joven en la Cámara de Diputados y los cuestionamientos respecto al cumplimiento efectivo de sus funciones.
La Fiscalía imputó a Torres como presunta cómplice en el supuesto cobro indebido de honorarios. El caso provocó cuestionamientos incluso dentro del Partido Liberal y colocó a la familia Godoy-Torres en el centro de una polémica nacional sobre contratación de familiares dentro del Estado.
El hijo de la diputada posteriormente accedió a una salida procesal y fue sobreseído definitivamente después de cumplir las condiciones establecidas judicialmente, entre ellas la devolución de dinero percibido en concepto de remuneraciones. Ese desenlace judicial no elimina el costo político que tuvo el episodio para Torres.
La controversia adquirió todavía mayor dimensión porque Elías Godoy también desarrolló actividades en Presidente Franco mientras figuraba como funcionario de la Cámara de Diputados, situación sobre la cual el propio Roque Godoy tuvo que brindar explicaciones.
Así, Roya llega a la campaña cargando simultáneamente con el desgaste de la administración de su marido y con el antecedente político del caso “nepobaby”.
Ramírez intenta explotar precisamente ese escenario.
El candidato colorado viene recibiendo el respaldo de diferentes sectores de la ANR después de unas internas que inicialmente dejaron al partido dividido. En los últimos días, referentes que responden a distintas corrientes coloradas volvieron a mostrarse juntos alrededor de su candidatura.
Ese reagrupamiento adquiere importancia mientras del otro lado la oposición sigue fragmentada entre Roya Torres, Mabel Otazú y otras candidaturas.
Para Ramírez, el eje de la campaña pasa entonces por presentar la elección como una disyuntiva entre recuperar la Municipalidad para la ANR o prolongar el mismo proyecto político que gobierna Presidente Franco desde 2015.
Para Roya Torres, en cambio, el desafío es convencer de que puede representar una administración diferente pese a que busca suceder directamente a su esposo y forma parte del mismo esquema político que conduce actualmente la comuna.
La disputa se definirá el 4 de octubre, cuando los electores determinarán cuánto pesan en las urnas la gestión de Godoy, los antecedentes de Torres, la reorganización colorada y la división de la oposición.



