En un lamentable suceso ocurrido sobre la ruta PY02, kilómetro 14, agentes de la Patrulla Caminera, una de las instituciones más cuestionadas del país por sus recurrentes actos de corrupción, ordenaron este mediodía el desalojo de los Bomberos Voluntarios K122 de Minga Guazú, quienes se encontraban realizando su tradicional colecta anual.
Alegando la falta de una supuesta autorización, los cuestionados agentes interrumpieron la actividad, a pesar de que esta colecta es fundamental para que los bomberos puedan costear los enormes gastos que implica su labor. Cabe destacar que la Patrulla Caminera es harto conocida por protagonizar innumerables hechos de corrupción, entre ellos pedidos de coimas, retenciones ilegales y abusivos controles vehiculares, que en varias ocasiones derivaron en accidentes fatales. A diferencia de los bomberos, que arriesgan sus vidas diariamente para servir a la comunidad, los agentes de la Caminera se han convertido en un símbolo de la desvergüenza institucional, utilizando su autoridad para lucrar en lugar de proteger a los ciudadanos.
Ni bien la información fue propagada por los bomberos, la ciudadanía al unísono cuestionó con dureza la acción de los corruptos agentes de la Caminera. A través de redes sociales y otros medios, los mensajes de rechazo a esta arbitraria decisión no se hicieron esperar, condenando la prepotencia y falta de solidaridad con una de las instituciones más respetadas del país.

Este acto de prepotencia y falta de humanidad no hace más que evidenciar la profunda desconexión de la Patrulla Caminera con el servicio público y la labor comunitaria. Mientras los bomberos, reconocidos como una de las entidades más respetadas del país, luchan por mantenerse a flote con el apoyo de la ciudadanía, los agentes de la Caminera no solo obstaculizan sus esfuerzos, sino que continúan manchando la imagen de una institución que debería velar por la seguridad y bienestar de todos.
El desalojo forzado de los bomberos de Minga Guazú, quienes cumplían su misión de recaudar fondos para seguir salvando vidas, no solo indigna, sino que pone en evidencia la falta de criterio y de solidaridad de una institución que sigue más preocupada por sus intereses que por el bienestar de la sociedad.