La abogada Marina Alcaraz volvió a denunciar que una casa quinta lindante a su vivienda, clausurada por la Municipalidad de Ciudad del Este, continúa realizando reuniones con música a alto volumen. La afectada remitió videos a Noticde donde se escuchan los estridentes sonidos provenientes del lugar.
CIUDAD DEL ESTE. Una casa quinta ubicada en el barrio Residencial Virgen de Caacupé, en el kilómetro 9 lado Monday, nuevamente quedó en el centro de la polémica tras una denuncia pública realizada por la abogada Marina Alcaraz, quien asegura que el local sigue operando pese a haber sido clausurado por la Municipalidad de Ciudad del Este el pasado 17 de junio.
Según la denunciante, este martes 30 de junio, desde las 09:00, el lugar volvió a registrar movimiento y, ya en horas de la noche, cerca de las 22:45, la música a alto volumen seguía afectando directamente su vivienda.
Alcaraz sostuvo que la situación ya no puede ser considerada una simple molestia vecinal, sino una muestra de desacato y falta de respeto hacia los residentes, quienes deben soportar ruidos constantes en una zona residencial.
La denunciante envió a la redacción de Noticde varios videos donde se escuchan los estridentes sonidos de la música proveniente de la propiedad lindante a su casa. Según afirmó, las imágenes y audios evidencian que las actividades continúan a pesar de la medida municipal.
En sus redes sociales, la abogada cuestionó duramente la efectividad de la clausura: “¿Será que la Muni lo habilitó con un pago de patente y sin ningún control? ¿La clausura fue todo un teatro?”, escribió.
La mujer afirmó que lleva cuatro meses sin poder descansar, dormir ni trabajar con normalidad debido a la contaminación sonora. Asegura que la situación la está afectando física y mentalmente, al punto de impedirle realizar labores básicas dentro de su propia casa.
“Mi salud mental, mi tranquilidad no valen un pago de patente. Yo no voy a parar, no me voy a callar”, expresó.
El caso vuelve a exponer la aparente debilidad de los controles municipales frente a locales que, aun después de una clausura, continúan funcionando como si nada. Mientras los responsables siguen con las farras, los vecinos quedan atrapados en su propia casa, obligados a soportar una situación que ninguna autoridad debería permitir.
Hasta el momento, no se informó oficialmente si la Municipalidad tomó nuevas medidas tras la denuncia pública realizada por la afectada.



