La crisis en el sistema de salud de Hernandarias se profundiza en medio de un escenario donde las falencias en la atención se combinan con serias dudas sobre la administración de recursos públicos.
El Hospital Distrital, principal centro asistencial, continúa sobrepasado. Las demoras, la falta de insumos y las limitaciones en servicios básicos forman parte del día a día de los pacientes.
En paralelo, el Consejo Local de Salud —presidido por la licenciada Liz Villalba, nuera del intendente Nelson Cano— quedó en el centro de las críticas.
El organismo administra fondos del Ministerio de Salud y recibe transferencias municipales que alcanzan los G. 1.400 millones anuales. No obstante, no se dispone de información detallada sobre la ejecución de esos recursos.
Intentos de concejales, especialmente de parte de la edil Nilda Venialgo, por acceder a informes sobre el uso del dinero han sido —según denuncias— bloqueados dentro de la Junta Municipal, lo que impide un control efectivo.
Ante la falta de claridad, se solicitaron informes al Ministerio de Salud para verificar si el Consejo presentó rendiciones de cuentas, y a la SEPRELAD para determinar si la entidad está registrada como sujeto obligado bajo la normativa vigente.
Las críticas también apuntan a la distribución de los recursos. Las Unidades de Salud Familiar habrían quedado relegadas, mientras que el Hospital Distrital recibe apoyos considerados insuficientes frente a sus necesidades.
Esto se traduce en un sistema que no logra responder a la demanda creciente, pese a contar con fondos asignados.
Sin señales de cambio
El escenario actual expone una doble problemática: un sistema sanitario debilitado y una gestión cuestionada por falta de transparencia.
Mientras no se esclarezca el uso de los recursos y no se implementen medidas estructurales, la situación de la salud en Hernandarias seguirá marcada por la incertidumbre y la falta de respuestas concretas.



