Ciudad del Este. La senadora Lilian Samaniego encabezó este sábado un acto en la Seccional Colorada Nº 1 bajo el lema “Ambulancia Republicana”. La puesta en escena —lejos de ser una propuesta de renovación— reflejó la necesidad de reposicionarse dentro de la estructura partidaria ante el evidente desgaste de su figura. Su discurso, envuelto en llamados a la unidad, dejó entrever más una estrategia de supervivencia política que un verdadero proyecto de transformación.
El evento, presentado como un conversatorio, no trajo propuestas concretas ni diagnósticos de fondo sobre la crisis de la ANR. Por el contrario, evidenció una jugada para no quedar fuera del reacomodo interno que se viene.
El uso del término “ambulancia” intenta posicionarla como salvadora de un partido “enfermo”, cuando su rol en la conducción y crisis del coloradismo es bien conocido. La propia senadora se refirió a sí misma como “presidenta de la crisis del Partido Colorado”, aunque sin asumir responsabilidades reales por el rumbo que tuvo la ANR en los últimos años bajo su influencia.
Samaniego criticó la actual dirigencia colorada por su lejanía con las bases, pero evitó mencionar que ella misma formó parte de los grupos de poder que promovieron el cierre de espacios, el uso del partido para fines personales y la concentración del poder en manos de pocos. Ahora, desde una posición más debilitada, habla de escuchar, de respetar y de abrir espacios.
Aseguró que el Partido Colorado está “ausente” y en “emergencia”, pero no explicó cómo su liderazgo —por años instalado en la cúpula partidaria— permitió llegar a este estado. Su propuesta: “sanar y luego construir”, quedó sin sustento más allá del discurso simbólico de la ambulancia, episodio que ella misma protagonizó a finales del año pasado en un gesto que fue más escénico que efectivo.
En su intervención, apeló a recuerdos de su gestión pasada, afirmando que entregó un partido “organizado, moderno e incluyente”, contrastando con el actual estado de abandono. Pero evitó hablar de los pactos, las divisiones internas que ella alimentó y los beneficios que su círculo cercano obtuvo a lo largo de los años.
Habló también de “nueva dirigencia”, pero no dio señales reales de renovación. El acto estuvo dominado por figuras tradicionales y operadores de siempre, sin representación visible de sectores juveniles o disidentes. Su mensaje de apertura y escucha quedó en el discurso.
Samaniego utilizó recursos simbólicos como la ambulancia y frases de tono moralista: “recuperar la esperanza”, “sanar”, “respetar al que piensa diferente”. También defendió la lucha de las mujeres desde una óptica conservadora, sin vincularla a políticas concretas de igualdad o participación real.
En ningún momento presentó una propuesta política de contenido, ni habló de cómo el Partido Colorado debe enfrentar sus desafíos actuales en términos de transparencia, gestión pública o ética política. Su discurso giró en torno a su figura, su historia y su supuesta autoridad moral.
Una gira para no desaparecer
Dirigentes colorados consultados por noticde.com, que prefirieron no dar su nombre, fueron claros: la gira de Lilian Samaniego es un intento de no quedar fuera del mapa.
“Sabe que el panorama no es favorable para ella. Está buscando espacio como sea. Siempre vivió de los cargos y del poder. Perder eso no está en sus planes. Es la misma estructura de siempre, intentando disfrazarse de alternativa”, señaló uno de los referentes locales.
La reaparición en Alto Paraná, uno de los bastiones electorales más importantes del país, no fue casual. Samaniego apuesta por reconstruir presencia territorial y posicionarse como figura “legítima” de cara a posibles internas. Sin embargo, su discurso no logró entusiasmar ni proyectar una visión clara de futuro. Más bien reflejó una necesidad de sobrevivir políticamente ante un partido que avanza sin ella.
Conclusión
Samaniego habla de unidad, pero representa una parte del problema. Reivindica su pasado, pero evita hablar del costo político de sus alianzas. Se muestra como gestora, pero no propone soluciones. Su “ambulancia republicana” no vino a curar al Partido Colorado, sino a intentar salvar su propio espacio en un escenario donde ya no tiene la centralidad que alguna vez tuvo.
