Durante la ceremonia del Te Deum, por los 210 años de la Independencia Nacional, Edmundo Valenzuela, Arzobispo Metropolitano de la Santísima Asunción, señaló que hoy nos enfrentamos con dos guerras: la pandemia y la corrupción.
“Debemos salir victoriosos. Con las vacunas y con la vida moral de justicia y paz”, sentenció.
Además, el religioso pidió un saneamiento moral de la nación, al indicar que actualmente se extiende la sensación de que la estructura nacional ya no va, que los desequilibrios sociales y ambientales amenazan profundamente nuestro futuro, así como las interminables situaciones de corrupción.
“Hacen falta soluciones duraderas y eficaces para el logro del bien común, el combate a la corrupción y el trabajo digno para el engrandecimiento del pueblo. Esa es la tarea de los gobernantes y de toda la sociedad civil”, señaló Valenzuela.
También recordó que desde el año 2019 los ingresos reales del promedio de las familias de Paraguay vienen descendiendo peligrosamente y que en la actualidad hay casi 2 millones de compatriotas que deben sobrevivir con G. 10 mil guaraníes al día.
“El país pide a gritos el fin de la impunidad y el diseño de políticas públicas de crecimiento económico que alcancen a todos”, resaltó.
Sobre la pandemia, el arzobispo dijo que le preocupa que los responsables no han respondido con eficacia y transparencia a las demandas sanitarias generadas por el COVID -19.
“El país pide a gritos medicamentos en los hospitales públicos, en cantidad y calidad compatibles con el dinero adicional asignado a estos menesteres. Que el dinero público se utilice con honestidad y con celeridad. Que haya menos familias de luto a causa de situaciones evitables”, exhortó.
“Lamentablemente, nuestras autoridades, en medio de sonoros casos de corrupción, han tomado decisiones que generaron un altísimo impacto económico, social y sanitario en todo el país. El costo pagado por el pueblo es imposible de medir, pero debe ser reparado, por estricta justicia. Por ello, reclamamos, ante situaciones excepcionales, respuestas excepcionales”, acotó.
En otro momento dijo que debe ser causa nacional la renegociación del tratado de Itaipu. Pidió así también una sociedad que se reconcilie con el bien común y la justicia. “No podemos tener justicia cuando existen grupos de presión externos e internos que intentan influir en la aplicación de las normas”.
El diálogo es la mejor herramienta para evitar la confrontación, subrayó y remarcó que es hora que las autoridades nacionales organicen una mesa común, por el bien de todos los paraguayos.
Además, insistió que la deuda pública debe ser realizada con prudencia y únicamente en cuanto fuera necesaria, atendiendo a no aumentar cada vez más los sacrificios actuales existentes en todos los ámbitos productivos y sociales del país.
También, criticó que la Reforma del Estado, vital para disminuir los gastos innecesarios y tener servicios públicos más eficientes, no ha avanzado más allá de pomposas declaraciones públicas y reuniones de algunos actores, buscando impacto mediático, pero cuidando muy bien, no afectar los irritantes privilegios de quienes debían liderarla.
