
A pocas semanas de dejar la Intendencia de Minga Guazú, Diego Ríos enfrenta fuertes cuestionamientos por el estado de los caminos y por una administración marcada por deudas, salarios atrasados, obligaciones pendientes y denuncias de mala administración del dinero público.
La situación vial es una de las principales quejas de los pobladores, especialmente en barrios y comunidades alejadas del microcentro, donde numerosas calles se encuentran cubiertas de barro, con pozos y en condiciones prácticamente intransitables.
Con cada lluvia, trasladarse se convierte en un verdadero calvario. Padres que llevan a sus hijos a la escuela en motocicleta deben atravesar caminos deteriorados, mientras trabajadores y vecinos enfrentan diariamente dificultades para salir de sus comunidades.
Pero los caminos destruidos no serían el único problema que deja la administración saliente.
En septiembre pasado, integrantes del Cuerpo de Bomberos Voluntarios K122 denunciaron seis meses de atraso en las transferencias municipales. El monto reclamado rondaba entre G. 150 millones y G. 170 millones, situación que, según los voluntarios, afectaba incluso la capacidad operativa de la institución.
A esto se suman los reiterados reclamos de funcionarios municipales por salarios atrasados. Durante el último año se registraron denuncias de trabajadores de distintas áreas que aseguraban acumular varios meses sin percibir sus haberes.
También existen cuestionamientos relacionados con proveedores y otras obligaciones asumidas por la Municipalidad.
Durante la campaña electoral se habló incluso de compromisos que podrían alcanzar unos G. 43.000 millones, incluyendo proveedores, funcionarios, contratistas, préstamos y otras obligaciones. Este monto corresponde a estimaciones y deberá ser confirmado mediante una auditoría y el proceso de transición.
Documentos municipales correspondientes al cierre de 2025 ya registraban cerca de G. 8.000 millones en obligaciones pendientes de pago.
De esta manera, la próxima administración no solamente tendrá que enfrentar el deterioro de la infraestructura vial, sino también determinar con precisión la situación financiera del municipio.
El escenario genera preocupación entre los mingueros, teniendo en cuenta que las consecuencias de las obligaciones pendientes y del abandono de los caminos terminarán recayendo sobre la nueva administración y sobre los propios contribuyentes.
Diego Ríos llega así al final de su gestión con una imagen fuertemente cuestionada: calles destruidas, reclamos salariales, deudas pendientes y una Municipalidad cuya situación financiera deberá ser transparentada una vez producido el cambio de mando.